El papel pintado «Botanicum» está organizado como un cuadro mural educativo, en el que las polillas, los insectos y las orugas se sitúan en secciones diferenciadas y claramente definidas. Cada espécimen aparece aislado, como si se tratara de un objeto de estudio, lo que recuerda a las láminas de referencia científica en las que se clasifican y comparan las formas.
Esto crea una superficie ordenada, casi didáctica, que se asemeja más a un material didáctico que al papel pintado tradicional. A pesar de este orden, los insectos conservan una sutil vitalidad, lo que genera una tensión entre la complejidad natural y el control científico.
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