Las esculturas de Daniele Accossato se envían, transportan, venden y, posteriormente, se revenden y vuelven a transportar. Obras de un valor inestimable son atadas, amordazadas y encerradas en estrechos contenedores, listas para ser almacenadas y, después, enviadas. La clave de la interpretación no reside tanto en el tema escultórico (que queda reducido a un arquetipo), como en su «entorno», el contenedor. Estas esculturas italianas se exponen en sus contenedores de transporte, cajas o jaulas de madera que, a la vez que las confinan, las protegen. Las cajas, las jaulas y el embalaje convierten la obra en una mercancía.
---