A mediados de la década de 1980, cuando las cocinas modulares habían alcanzado un alto nivel de funcionalidad racional, Ciatti a Tavola (la empresa familiar detrás de
de lo que se convertiría en Opinion Ciatti) intuyó que se estaba produciendo un profundo cambio. La distribución tradicional de la cocina, compuesta por muebles bajos, armarios altos y columnas, empezaba a mostrar sus límites. Los cambios sociales, la aparición de nuevos estilos de vida más abiertos, fluidos e híbridos, y el creciente interés por la cocina de estilo profesional revelaron la necesidad de nuevas soluciones estructurales. La estructura clásica de la cocina ya no podía adaptarse a diferentes espacios: desde oficinas a estudios, pasando por restaurantes o lofts.
Tras siglos de ser un espacio de servicio, a menudo apartado del resto de la casa, la cocina empezó a evolucionar. Ya no era sólo funcional, sino un lugar para vivir, un espacio para reunirse, para compartir momentos, tanto íntimos como sociales, privados y públicos. Este cambio exigía mayor flexibilidad y libertad, con soluciones de diseño capaces de satisfacer necesidades diversas sin verse limitadas por composiciones rígidas.
De este contexto surgió Axis, un proyecto visionario desarrollado en colaboración con los diseñadores Bruno Pozzi y Marco Duina. Rompiendo con la idea de un sistema cerrado y rígido, Axis abrió una dimensión totalmente nueva: una estructura ligera y modular compuesta de vacíos, en la que cada elemento podía desmontarse, reorganizarse y reinterpretarse. Aportó un enfoque industrial a un entorno que antes era principalmente doméstico, adaptándose a los espacios de forma fluida y sin imposiciones estilísticas.
La visión de Axis se adelantó tanto a su tiempo que fue reconocida con una Mención de Honor en el Compasso d'Oro de 1987.
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