Cada año se producen en el Reino Unido unas 60.000 paradas cardiacas súbitas (PCS), por lo que es fundamental que los ciudadanos tengan acceso a un desfibrilador, también conocido como desfibrilador externo automático (DEA).
Mientras que la reanimación cardiopulmonar mantiene el flujo de sangre oxigenada a los órganos vitales, la desfibrilación puede corregir determinados ritmos cardíacos. Los desfibriladores son fundamentales para decidir entre la vida y la muerte cuando alguien sufre una parada cardiaca súbita.
¿Para qué sirve la desfibrilación?
Cuando una persona sufre una parada cardiaca, indicada por un colapso repentino, falta de respuesta e inconsciencia, un desfibrilador puede salvarle la vida. Este dispositivo de salvamento viene con unas almohadillas que deben colocarse en el pecho desnudo de la persona. Estas almohadillas administran una descarga eléctrica al corazón, que puede restablecer el ritmo normal.
Tipos de desfibriladores
A pesar de su importancia, muchas personas dudan en utilizar un desfibrilador por temor a empeorar la situación. Es crucial que la gente se sienta segura al utilizar los desfibriladores. Están diseñados para ser lo más fáciles de usar posible, guiando al usuario paso a paso por el proceso de salvar vidas.
Hay dos tipos principales de desfibriladores:
Desfibriladores semiautomáticos, que avisan al usuario cuando debe administrar una descarga.
Desfibriladores totalmente automáticos, que administran la descarga automáticamente si es necesario.
Aunque no se requiere formación para manejar ninguno de los dos tipos de desfibrilador, los semiautomáticos suelen ser utilizados por profesionales sanitarios formados.
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